La revolución de la IA está impulsando una demanda energética sin precedentes. A medida que los modelos avanzan y los centros de datos crecen en tamaño y complejidad, la infraestructura eléctrica tradicional está demostrando no ser suficiente. Según un reciente informe, los desarrolladores de centros de datos están recurriendo a soluciones tan sorprendentes como turbinas derivadas de motores de avión y generadores diésel para mantener operativos sus sistemas de IA.
Este fenómeno marca un punto de inflexión en la industria tecnológica: la carrera por alimentar la IA está obligando a adoptar tecnologías pensadas originalmente para la aviación, no para la computación. Las llamadas aeroderivative turbines, diseñadas para ofrecer potencia inmediata y alta eficiencia en aeronaves, se han convertido en una alternativa viable para suplir la falta de acceso a grandes turbinas de gas y a redes eléctricas saturadas.
Por qué los centros de datos están recurriendo a turbinas de avión
La causa principal es la incapacidad de las redes eléctricas para absorber la demanda creciente. Con tiempos de espera que pueden superar varios años para nuevas conexiones, los operadores necesitan soluciones inmediatas para no frenar el despliegue de infraestructuras de IA. Las turbinas aeroderivadas ofrecen:
- Alta disponibilidad energética en cuestión de minutos.
- Menor tiempo de instalación frente a infraestructuras eléctricas convencionales.
- Flexibilidad operativa, permitiendo escalar potencia según necesidad.
Fabricantes de este tipo de turbinas están reportando un aumento significativo en los pedidos, impulsado por grandes desarrolladores de centros de datos que buscan alternativas rápidas y fiables para garantizar el suministro eléctrico.
El regreso del diésel: una solución polémica pero inevitable
Además de las turbinas de avión, los generadores diésel están viviendo un inesperado resurgimiento. Aunque son una opción menos sostenible y más ruidosa, su disponibilidad inmediata y su bajo coste de instalación los convierten en un recurso clave para mantener operativos los centros de datos mientras se esperan mejoras en la red eléctrica.
Este giro hacia soluciones más contaminantes contrasta con los compromisos de sostenibilidad de muchas empresas tecnológicas. Sin embargo, la presión por mantener la competitividad en el sector de la IA está obligando a priorizar la continuidad operativa sobre la eficiencia ambiental.
Un futuro energético más complejo para la IA
La situación actual revela un desafío estructural: la infraestructura energética global no está preparada para la explosión de la IA. Mientras algunos países exploran alternativas como energía nuclear modular o redes inteligentes, la realidad inmediata obliga a adoptar soluciones transitorias que, aunque efectivas, no son sostenibles a largo plazo.
Como señala Kasparas Spokas, del Clean Air Task Force, “los incentivos nunca han sido mayores para cualquier tecnología capaz de suministrar energía”. La carrera por alimentar la IA apenas comienza, y su impacto en el sector energético será profundo y duradero.