La reciente decisión de OpenAI de cerrar Sora, su herramienta de generación de vídeo mediante inteligencia artificial, ha sido toda una sorpresa entre sus usuarios. Este cierre llega apenas seis meses después de su lanzamiento público y ha generado todo tipo de especulaciones.
Sin embargo, según una investigación publicada por The Wall Street Journal, la explicación es mucho más pragmática de lo que muchos imaginaban: Sora era insostenible a nivel económico y estratégico .
Un proyecto brillante… pero insostenible
Tras un lanzamiento espectacular, Sora alcanzó un pico de alrededor de un millón de usuarios, pero la cifra cayó rápidamente hasta situarse por debajo de los 500.000. El problema no era solo la falta de tracción, sino el coste desorbitado de mantener la plataforma activa.
Generar vídeo con IA es una de las tareas más costosas computacionalmente. Cada vez que un usuario subía su rostro para integrarlo en escenas generadas, Sora consumía una enorme cantidad de recursos de cómputo. Según la investigación, la herramienta estaba quemando aproximadamente un millón de dólares al día, una cifra insostenible incluso para un gigante como OpenAI.
La batalla por el cómputo: un recurso más valioso que nunca
El cierre de Sora no responde a un escándalo de privacidad ni a un cambio de estrategia repentino, sino a una realidad interna: OpenAI necesitaba liberar chips y capacidad de cómputo para competir en la carrera de modelos avanzados de IA.
Mientras un equipo completo trabajaba en mantener Sora operativo, Anthropic avanzaba silenciosamente, ganando terreno entre desarrolladores y empresas con productos como Claude Code. La presión competitiva obligó a Sam Altman a tomar una decisión drástica: sacrificar Sora para reforzar el núcleo estratégico de la compañía.
Un cierre inesperado que arrastró acuerdos millonarios
La decisión fue tan repentina que incluso socios estratégicos quedaron descolocados. Disney, que había comprometido 1.000 millones de dólares en una alianza con OpenAI, se enteró del cierre menos de una hora antes del anuncio público. Con la desaparición de Sora, el acuerdo se evaporó de inmediato.
Este episodio revela la volatilidad del sector y la rapidez con la que las grandes tecnológicas pueden pivotar cuando la presión competitiva y los costes operativos se vuelven insostenibles.
El cierre de Sora puede interpretarse como un punto de inflexión para la IA de vídeo. Aunque la tecnología es impresionante, su coste actual la hace difícil de escalar de forma masiva. Es probable que veamos una pausa estratégica en el sector mientras las empresas buscan:
- Modelos más eficientes energéticamente
- Nuevas arquitecturas que reduzcan el coste por generación
- Casos de uso empresariales que justifiquen la inversión
OpenAI, por su parte, parece decidida a concentrar sus recursos en modelos de propósito general y herramientas orientadas a productividad, donde la demanda es más estable y rentable.